Cinco extractos del manual del Amor de Vatsyayana
(Kamasutra)
01 Unión suspendida
Hoy llevas puesta una camisa. Desde el primer día no te he visto otra cosa que camisetas. Te dije que eras una pijita moñas por llevar una, pero he cambiado de opinión, con esta que llevas desde luego que no tienes pinta de moñas. Tampoco tienes pinta de pijita, no sé de qué tienes pinta, pero me pongo malo cada vez que te miro. Llevas la camisa con dos botones desabrochados, y me he pasado el día pensando en cuánto me gustaría desabrocharte un tercero, me acuerdo de lo que había debajo de tu camisa la otra vez, y me gustaría volver a verlo. Aunque ¿sabes qué? Pues que estás igual de buena con camisetas que con camisas, y ya sin nada, pues prefiero no hablar.
Llevo unos cuantos días dándole vueltas en la cabeza a lo del otro día. Al polvo que echamos. Debe ser porque con todo el lío de la unidad nueva no me he tirado a ninguna desde entonces. Debe ser. El caso es que he estado pensando bastante en todo lo que hicimos, y si tu supieses en qué circunstancias lo he hecho, posiblemente me soltarías una hostias de esas que tú das. O tal vez no, no estoy seguro. Aún no te he calado del todo. Me desconciertas un poco, cuando creo que te tengo calada, me sorprender con algo. Bueno, el caso es que si, que he pensado mucho en qué hicimos, pero sobre todo en lo que no llegamos a hacer. Me molaría repetir por eso, para ver si todo eso en la realidad mola tanto como en mi cabeza.
Es una putada que no vaya a haber una segunda vez. Me apetece un huevo, pero sé perfectamente que sería una idea mala, malísima. Somos compañeros, y eso lo complica todo. No me mola meterme en la cama con alguien a quien tenga que ver por huevos todos los días. En general no me mola nunca me mola repetir de tía, vaya a volver a verla o no, yo soy de los de si te he visto no me acuerdo. Pero contigo si que me tienta la idea de repetir, cosa que no va a pasar. Creo que tú y yo podemos llegar a ser colegas de verdad. Tienes algo que me gusta, no sé, te va la marcha como a mi, eres una tía que me molaría tener cerca, pareces divertida, y me das buen rollo. Si, tú y yo vamos a ser amigos, así que no vamos a repetir, y tú no deberías llevar dos botones de la camisa desabrochados. Son dos más de lo que me gustaría, y cuatro menos de los que quisiera. Tampoco deberías llevar unos vaqueros que te sienten tan jodidamente bien, o mejor dicho, no deberías tener ese culo, o tal vez soy yo el que no debería mirártelo.
- ¿Otra?- se lo pregunto a todos meneando mi botellín vacío, pero te miro directamente a los ojos a ti. Me gustan mucho tus ojos, son enormes.
- Por mi si- contestas sin desviar la mirada, eso también me gusta, no eres de las que baja la mirada.
- Yo sintiéndolo mucho, chicos, me voy a ir ya, que si no mi señora....
- Yo también me voy, estoy cansado, y mañana quiero levantarme pronto. Oye, Rocío, si quieres te acerco, que me pilla de camino
- Pues si me ahorras el taxi.... te lo agradeceré de por vida.
Hoy hemos acabado con un caso de eso largos y pesados, y hemos venido a tomarnos unas cervezas a un pufeto que hay cerca de la comisaría, El Capitán. Me gusta porque no es garrafón, no es demasiado caro, y tienen futbolín, dardos y mesa de billar. Además tiene un aire tirando a golfo en un barrio tirando a pijillo, eso también está bien.
- Bueno, pues si nos vamos todos...
- Yo me voy a pedir otra- te acabo de lanzar un reto. Quiero ver cómo reaccionas.
Los demás se están poniendo los abrigos, y tú me miras a mi. Creo que estás intentando averiguar qué pienso, qué quiero de ti, pero lo llevas crudo, se me da bien el poker. Aún no ha nacido la persona capaz de ver mis cartas.
- Bueno, Leo, ¿te vienes? Te puedo acercar a ti también.
Te ha hablado Mario pero me sigues mirando a mi. Si te vas, me quito de líos, fuera tentación....pero también me llevaría un chasco. No quiero que te vayas, pero no te voy a pedir que te quedes.
- No, iros vosotros, yo también me voy a tomar otra- me miras de reojo.
- Vale, como veas- a Mariete se le pone carita de perro apaleado.
Le acabas de partir el corazón, se ha encoñado de mala manera, me ha dicho que quiere pasar el resto de su vida contigo. Le quiero como a un hermano, pero el colega es un moñas de tres pares de cojones. Yo no quiero pasar el resto de mi vida contigo. Lo que yo quiero hacer contigo es repetir lo de la otra vez, pero como sé que no debo, me conformo con unas copas y unas risas mientras te miro el escote cuando no te des cuenta. Antes me ha parecido ver que llevas un sujetador con algo naranja, tengo que echar otro ojo para confirmar, pero ahora no, más tarde, que ahora me estás mirando.
- A ver qué haréis vosotros dos.....
La frase de Molina se queda flotando junto al humo de tabaco un rato después de que se hayan ido. A ver qué haremos. No lo sé, lo que sé es lo que va a hacer Molina: aguantar una peta de su mujer por llegar tarde oliendo a tabacazo y con aliento de cerveza. Las mujeres cuando las dejas son un coñazo, si las das cuerda, se creen que pueden hasta decirte a qué hora tienes que volver a casa, y qué puedes y qué no puedes hacer. Por eso yo paso de esas cosas, paso de que nadie me intente controlar. Polvete, polvo, o polvazo, según salga, y a otra cosa, mariposa. Las responsabilidades me dan ardor de estómago, y el tener que dar explicaciones, ya ni te cuento.
Dejo de mirar la puerta y te miro a ti. Veo que estás rebuscando en ese bolso que gastas. Es tan tocho que parece el baúl de
- Te has quedado- te la lanzo, a ver qué cae.
No cae nada, no me contestas, sigues a lo tuyo, pero sé que me has oído perfectamente. Sacas un paquete de Camel, primera noticia que tengo de que fumes. Cojo el cigarro que me ofreces, primera noticia que tienes de que fumo yo. Saco un mechero y te doy fuego. Te observo echar el humo, y si te tengo que ser sincero, te diré que me pone un poco bruto verte fumar.
- ¿Otra cervecita o prefieres un copazo?
- Cerveza
- ¿Y eso? ¿Tienes miedo de pillarte un pedo y hacer algo indebido conmigo o qué?
- Tus ganas
- O las tuyas.
Me sostienes la mirada mientras te esfuerzas por no sonreír. Llevamos así toda la semana. Parece un partido de ping pong. Me encantan estos pulsos que echamos. Jugamos a ver quien los tiene más cuadrados.
- Mira, tío, tú y yo no vamos a acabar en la cama ni de coña- vaya sonrisa que me echas, no la mantengas mucho, o no respondo.
- Vale, pues como no tienes miedo, y no nos vamos a ir a la cama ni de coña, pídete un copazo.
- Vale, venga, una copa.
- ¿Qué bebes? ¿Vodka, ron, whisky....?
- Bourbon.
Me empiezo a descojonar. Te pega.
- ¿Bourbon?
- Si, bourbon, bourbon- subes los hombros y abres mucho los ojos- ¿Qué pasa? ¿Te hace gracia o qué?
- No, no, que va. Es que casi nadie bebe bourbon, menos las tías.
- Bueno, es que ya sabes que yo soy tirando rarita.
- Ya lo veo ya. Pues nada, un bourbon para la señorita- remarco el señorita porque no me ha gustado cómo ha sonado eso de incluirte en el grupo de las "tías". No sé porqué, pero me ha sonado mal, será porque a parte de ponerme bruto me caes muy bien.
- Bourbon con Coca Cola
- ¿Con Coca Cola? Bueno, entonces aún tienes remedio.
Me echas otra de tus sonrisas y te das la vuelta a mirar la pantalla de plasma. Mientras me sirven las copas te miro de reojo, estás mirando un video musical. Ese en el que sale un tío haciendo un strip tease y acaba en esqueleto ¿Te puedes creer que llevo viendo ese video desde hace cosa de ocho años, y todavía no me he enterado de quien canta eso? No me va ese rollo de música, a mi me va el rock de verdad, no las mariconadas que hacen ahora. Ramones, Sid Vicious, Los Rolling, Pink Floyd, los Burning... esas cosas. A ti no sé si lo que te va es ese rollo de música, o simplemente el tío. Le miras con demasiado interés, así que yo aprovecho para mirarte a ti. Me mola tu boca. Mucho. Tienes unos labios bien chulos, tanto que me están dando ganas de darte un buen muerdo.
- ¿Y tú, qué?- me acabas de cazar comiéndote la boca con la mirada
- Yo nada.
- Ya...- te ríes tú, y me río yo.
- ¿Te van los malotes?
- ¿Perdona?- me miras con los ojos abiertos como platos.
- Los malotes- señalo a la tele dónde el tío ya va por la musculatura- Tiene pinta de chulito, ahí con su cara de niño malo, el pelito de punta y esos tatuajes....
Me acabo de describir y los dos lo sabemos. Pregunta trampa de la que no vas a salir limpia. Tú me miras con una sonrisa que es un desafío, y me da un escalofrío. Me estás haciendo una radiografía con los ojos, me siento tan en músculo y huesos como el tío del video. No tengo claro qué pretendo, creo que ponerte nerviosa.
- Las copas- señalas con la barbilla a mi espalda
Cuestión zanjada. Te acabas de salir por la tangente, pero no estoy seguro del todo de haberte puesto nerviosa. En realidad me has puesto nervioso tú a mi con tus ojos. Pago a la camarera, un rubita que no está mal del todo, pero que a tu lado no tiene absolutamente nada que hacer, me entero que las cervezas de antes las ha pagado "mi padre", que deber ser Molina, y te doy tu cubata.
- ¿Qué te debo?
- Nada, mujer, te invito.
- ¿Y lo de antes?
- Pagado por Molina, a la copa te invito yo.
- No, no ¿cuánto es?
- ¿No me vas a dejar que te invite, o qué?
- Pues no, los vicios que se los pague cada uno. Dime qué te debo.
Eres orgullosa y cabezota como la que más. No puedo ni decirte cuánto me gusta eso, ni las ganas de seguir tirándote anzuelos que me da. Se me está empezando a olvidar que no debo acostarme contigo.
- Venga, un besito y te lo digo.
Sueltas una risita.
- Oye, perdona- te diriges a la camarera rubia- ¿Cuánto es cada bourbon?.
- Seis euros.
Me los das y me disparas una sonrisa llena de sorna. El juego se ha acabado antes de empezar.
- Pero qué aburrida eres
- Yo mucho.
- Se te ve, se te ve... oye, doña aburrida, ¿juegas al billar?
Si me dices que si, a lo mejor hasta tengo que invitarte a cenar un día de estos.
- No- una cena que me ahorro
Te encojes de hombros y señalas a la diana con la barbilla.
- Pero a los dardos si
Los dardos no se merecen una cena en toda regla, pero puede que si un bocata y una cerveza. Cogemos las copas, y para allá vamos. Empezamos con un 301, te gano y te picas, así que nos pedimos otra copa y seguimos con un 501, ahora me ganas tú y me pico yo. Propongo algo más difícil, y a ti te falta tiempo para decir que si. Echamos un Cricket. Jugamos, nos reímos, charlamos, nos lanzamos puyitas, pedimos otra, y cada vez nos movemos más cerca él uno del otro. Yo no estoy borracho, ni tú tampoco, pero me empiezas a dejar invadir tu espacio, y yo te dejo invadir el mío. Viéndote tirando dardos, se me ha olvidado completamente mi propósito de no acostarme con compañeras, y no es solo porque te puedo comer con los ojos tranquilamente mientras tú estudias la diana, y me haya dado recreado en tu cuerpo mala manera. Tía, para estar tan flaquita, tienes unas curvas de infarto. Pero no, no es eso lo que me hecho olvidar del Pezqueñines no. Aunque estés como estás, no es tu cuerpo lo que más me pone de ti. Lo que más me pone, es lo que más me puso la otra vez, esa energía contagiosa que se te sale por las orejas. Me mola tu rollo, y me mola mucho. Lo haces todo sin vacilar un solo segundo, estás completamente segura de ti misma. No dudas ni una sola vez, salga bien o salga mal, no dudas, y eso es algo que me mola mil. Así que entre tu cara, tu cuerpo y tu energía, ya no me acuerdo de que repetir contigo es mala idea. La partida avanza, las copas se van acabando, y cada vez me parece mejor idea repetir contigo. A mí me queda un diecisiete, y un centro, a ti sólo un centro. Lanzo y directo al diecisiete, voy a ganarte.
- Si aciertas, me ganas- me lo dices desde la pared en la que estás apoyada. Tienes los brazos cruzados, y los ojos clavados en mi.
Siento tus ojos encima, y pierdo la concentración. Me cuesta apuntar, no te digo que dejes de mirarme porque no quiero darte el placer de saber que me estás poniendo nervioso. Tiro. Has jugado sucio, me has hecho perder la concentración y el dardo acaba a tres metros de dónde debe. Me giro despacio para mirarte, me encuentro una sonrisa de oreja a oreja.
- Eres una tramposa, me has distraído.
- ¿Yo? ¿Qué he hecho?
Como si no lo supieses. Me miras con carita de inocente y sonrisa de diablillo.
- Me toca- me empujas de la zona de tiro sin miramientos.
Te vas a enterar, yo también sé echar miraditas. Te voy a distraer por mis cojones. Te miro. La mano derecha sosteniendo el dardo, los ojos clavados en la diana, una mueca en los labios. No sé si te estoy poniendo nerviosa, me da que no, pero yo me estoy poniendo malo. Malísimo. Lanzas el dardo. Diana. Me acabas de ganar.
- Creo que acabo de ganarte- te giras hacia mi con una sonrisa triunfal
Ganas tú, pero el premio me lo llevo yo, porque me planto delante de ti, y enseguida tu boca está en mi boca, y mis manos en tu cintura, y las tuyas en mi cuello. Vamos de pared a pared como dos borrachos, y casi nos cargamos la diana. Como me estás poniendo. Como la otra vez no hace falta decir ni mú, salimos deprisa y corriendo. Primera parada junto a un cajero, te empotro contra la pared, me restriego y me faltan manos para tocarte. Segunda parada en medio de la calle, pongo las manos en tu trasero y te pego a mi todo lo que puedo. Tercera parada contra el coche, si sigo así la bragueta me va a reventar. Por fin dentro del coche. Piso hasta el fondo el acelerador, intento comerme los semáforos hasta tu casa, y cuando no puedo comérmelos, te como a ti el cuello y la boca mientras espero el verde.
En el ascensor ya tienes la camisa por fuera del pantalón. Mi mano se cuela dentro de tus bragas mientras sacas las llaves. Antes casi de que puedas cerrar la puerta, tu camisa está en el suelo, y tu sujetador, efectivamente negro con una movida naranja, no tarda en ir a hacerle compañía. Madre mía, y yo que no iba a repetir. ¿Pero tú sabes las tetas tan bonitas que tienes? Me pongo las botas con ellas, mientras te quito los vaqueros y me llevo de regalo unas bragas. Me faltan manos y labios para tocarte todo lo que quiero tocarte y besarte. No sé cómo, pero te las has apañado para despelotarme a mi también y me estás tocando peligrosamente. Antes me has dicho que no nos íbamos a ir a la cama, tenías razón porque no vamos a llegar. Me pongo el condón como puedo, te cojo en volandas contra la pared, y un segundo después, no entiendo en qué estaba pensando cuando decidí eso de no repetir.
02
No me gustan las tías con el pelo corto, no sé porqué, pero no me van. Me mola el pelo largo, da mucho juego, me gusta enredar los dedos en él, y además hace unas cosquillas que molan un montón. Hoy has aparecido con el pelo cortado como un chico. Me he quedado bocas al verte. No es que te quede mal, que ni de coña. A ti el peinado de Molina te quedaría de puta madre, de eso estoy convencido. Lo que pasa es te he visto y me has parecido casi una niña, parece que hasta se te han ido unos cuantos quilos con el pelo que te han quitado. No sé, me han dado ganas de darte un achuchón, pero no de los que te doy habitualmente, de esos otros que nunca te he dado, de los que nunca he dado a nadie. Ha sido muy raro. Lo primero que he pensado es que se te ha ido la fuerza con el pelo, como a Sansón, pero no. Esa sigue intacta, que te he visto manejando a un tío que se te ha puesto chulito y le has puesto en su sitio sin inmutarte. Tienes el pelo corto, pero sigues igual que siempre. No me gustan las tías con el pelo corto, pero tú me encantas.
Doy una patada a una piedra y me acerco a ti, estás de espaldas a mi, acodada en el lateral del capó de mi coche como si fuese la barra de un bar.
- ¿Algo nuevo?
- Si, acaban de llegar Kennedy, Marilyn Monroe y Jesús Gil, están montando una timba de mus.
Contestas sin despegar los ojos de los prismáticos. No sé qué coño hacemos aquí en medio del campo vigilando una casa a la que en todo el tiempo que llevamos aquí no se ha asomado ni Paco, ni Perry, ni Peter, ni Rita. Ni ratas debe haber, pero como unos gilipollas llevamos ya siete horas vigilándola con unos prismáticos. No sé quien coño le habrá dado el soplo a Requena, pero para mi que le han tomado el pelo. Si tuviera, claro.
- ¿Y Elvis no?
- No, aún no ha llegado, debe haberse perdido por el camino.
- Joder, Leo, estoy hasta los huevos de perder el tiempo. ¿Cuántos días llevamos vigilando esto? ¿Quince?
- Mira que eres exagerao, tío. Llevamos solo seis días.
- ¿Seis? Pues a mi me han parecido quince. Estoy hasta los cojones y me aburro.
- Tío, anda que no eres quejica ni nada.
- Leeoo, me aburrooo muuuchoooo- pongo voz de niño tocapelotas y te hago sonreír.
Te abrazo desde atrás y restriego la cara contra tu cuello. Me apetece darte un achuchón, esta vez de los de siempre, de los que te hacen acabar sudorosa, jadeando y con coloretes en la cara. Creo recordar que una vez pensé que no era buena idea acostarme contigo porque podríamos llegar a ser amigos. Ya hemos cruzado esa línea, somos amigos, y aún así nos seguimos acostando juntos. He perdido la cuenta de las veces que lo hemos hecho en los últimos cuatro meses. Nos reímos, follamos, y nos vamos a tomar algo. Normalmente la caña o la copa van antes del polvo porque hay que jugar a eso del cortejo. Contigo no lo hago por cortejo, que también, ¿eh? Lo hago porque me mola tomarme unas cañas contigo, igual que me mola hacerte gritar después de las cañas. Me mola estar contigo. El caso es que he cambiado de opinión, eso es una chorrada, yo controlo y tú controlas. Los dos sabemos qué hay, así que no hay riesgo de nada. Tú no te vas a pillar de mi, y por supuestísimo, yo tampoco de ti. Habría que verme a mi pillado de nadie, esa si que es buena.
- ¿Te aburres?
- Mucho, mucho, mucho.
- ¿Te saco unos rotus para que pintes y así te entretienes?
- Hombre, Leonor, pintar no es precisamente lo que tenía en mente- te mordisqueo la orejita.
- Estamos currando, y no me llames Leonor.
Con el nuevo corte de pelo la nuca se te queda al aire y pide a gritos besen, la hago caso, la beso y te regalo un escalofrío.
- Si trabajando muchísimo, si se nos acumulan los malos... hala! que de ellos.....- abarco con la mano el campo vacío- Además, no me digas que este ambiente tan íntimo no te pone un poco, ¿ummm, Leonor?
Me encanta picarte.
- Y dale con el Leonor.
- ¿Leito te gusta más?
- ¿A que cobras?
Sigues mirando por esos prismáticos como si de verdad vieses algo interesante. Al final va a ser verdad lo de Marilyn y Jesús Gil. Bah, a mi esa gente me da igual. Cuelo una mano por debajo de tu camiseta y te acaricio la tripa mientras te mordisqueo la oreja. Me vuelve loco tocarte la tripa, y a ti te pone a mil que te muerda la orejita, así que los dos tan contentos.
- Corso....
- No hay nadie a kilómetros...
Empiezo a besarte por la línea de la mandíbula.
- Van a venir a relevarnos en un rato
Te cojo la muñeca y miro tu reloj, yo no gasto de eso.
- No vienen hasta las ocho y son las siete y diez, tenemos tiempo
Besos en el cuello
- Mario siempre llega antes de hora.....
- Pero Vázquez no... y vienen juntos....
La mano que tenía en tu tripa se cuela debajo de tus vaqueros, y te tanteo por encima de las bragas
- Pero...- esa protesta, casi ni se ha oído.
- Pero nada, no hay peros. ¿Te he dicho lo guapa que estás con este pelito?- te muerdo la nuca
- Corso...
Y como no tienes nada que objetar, pues no lo haces. Como no tienes nada que objetar, pues giras la cabeza y empiezas a besarme. Joder, cómo me gustan tus besos. Me tienes cogidísimo el punto, o yo te lo tengo cogido a ti. No sé. Algo de eso. Es que si lo pienso... no se qué coño hay que hagas que no me guste con locura. Fíjate, que el otro día me enrollé con una tía que conocí en un garito, y no sé cómo pero me encontré comparándola contigo. No te vayas a creer que fue durante, fue después, que uno es un poco golfo, pero no tanto. Fue cuando la tía se largó y me quedé solo en la cama echándome un piti. Coño, ¿a que va a ser que si soy un golfo con pintas en el lomo? Joder, que lo estoy haciendo, estoy comparando mientras. Bueno, no porque aún estamos calentando motores, de todos modos....que la pele la rubia, no se va a enterar, ni tú tampoco, y además prometo no volver a hacerlo.
- Corso...- eso no ha sido una protesta, ha sido tu reacción a mi mano debajo de tu sujetador.
Dios, como me gustan tus tetitas. La tía del otro día tenía unas tetas bien grandes y bien plantadas, tú no. Las tuyas, no son grandes. No hay color, las tuyas me gustan chorrecientas veces más. Las comparaciones son odiosas, sobre todo para el que sale perdiendo, y créeme, esa no eres tú. Tío, que se suponía que no iba a comparar y lo estoy haciendo, joder, no tengo remedio. Ya no lo hago más, de verdad.
No sé, cuando me acuesto contigo me lo paso de puta madre, y no es solo por lo que me haces y por lo que yo te hago. No, verás, me gusta eso de descojonarnos en medio del polvo por alguna chorrada que se nos ocurre y decimos en alto. Será porque somos amigos. Los amigos se lo pasan bien sin sexo, así que si se es amigo de alguien, y encima hay sexo... pues... Mira, me acabo de quedar en blanco porque entre una cosa y otra, mi bragueta ha aumentado diez tallas de golpe. Tú no tienes bragueta que crezca, pero como mi mano hace rato que se ha colado dentro de tus bragas, pues sé que tú estas en las mismas que yo.
- Vigila a ver si van a venir...- como me mola esa voz áspera que te ha salido.
Te acabas de dar cuenta como yo, que esto ya no tiene vuelta de hoja. Nos lo vamos a montar en el medio el campo, contra un coche, en plena vigilancia. Dios, cómo me pone la idea. Mira que he hecho cosas, pero esto no. Contigo tenía que ser, con quién si no. Te bajo los pantalones y las bragas van con ellos. A la altura de la nariz tengo tu culo. ¿Te he dicho alguna vez que me encanta? No sé si te lo he dicho, pero estoy seguro que lo intuyes por la manera en que se me van las manos. Me agacho y te doy un mordisquito suave, luego otro, y en dos segundos ya no es tu culo donde tengo la boca y no son mordiscos lo que te doy. "Corso, Corso" dices, y cómo lo dices. Esto que te estoy haciendo, ni de coña se lo hago a todas, tengo dos dedos de frente, y sé que no se le debe hacer a cualquiera. Práctica de riesgo y toda la pesca. Pero a ti si, a ti te lo hago todo. No lo hago porque espere que me devuelvas el favor, que unas veces lo haces, y otras no, lo hago porque me gusta. Qué cojones, me gusta, me encanta. Soy un depravado, ¿y qué? Aunque ahora no te vea la cara me la imagino, y eso me pone a mil. Las rodillas me duelen de tanto rato en cuclillas, pero no me voy a mover, tus ruidos hacen que me esfuerce más, y no tardo en tener recompensa.
- Joder, Corso, joder, joder....
Que elocuente eres cuando te corres, aunque yo no lo soy mucho más. Un poquito más, un beso al final de la espalda y pongo de pie. Te beso con desesperación, tú cuelas una mano entre nosotros y me empiezas a tocar. Intentas darte la vuelta, pero no te dejo, me apetece hacerlo así. Abrir condón, poner condón, usar condón. Joder. Joder. Joder. ¿Ves? Yo tampoco soy muy elocuente. No sé qué hora será, no sé cuándo van a llegar, me da un poco igual, no me apetece darme mucha prisa. Me apetece que dure y besarte detrás de la oreja. Lo hago. Te beso detrás de la oreja y los pelillos de la nuca se te ponen de punta. Dejas reposar el cuerpo contra el capó, y yo dejo reposar el mío contra el tuyo. Te susurro cositas sin sentido al oído, no son guarradas, no sé que son, ya te he dicho que no tienen sentido. A ti no te digo guarradas, no me saldrían aunque quisiera. Eres mi amiga, a las amigas no se le dicen guarradas. Me empiezo a preocupar un poco por el tiempo, no sé cuánto tiempo llevamos así, y no me apetece que nos cacen. A poco que me ponga, yo me voy, pero no me quiero ir solo, así que llevo una mano entre tus muslos y acelero las cosas. Gruñes, gruño. Acabas, y yo acabo un segundo detrás. Salgo y nos quedamos como estamos un rato recuperando el aliento, mi boca junto tu orejita. Ha estado bien, mejor que bien. Hostia puta. Me tiemblan un poco las rodillas. Te doy un beso antes de separarme de ti.
He tirado el condón por ahí lejos, la policía no es tonta, y si estos lo cazan... pues nos cazan a nosotros. Te estás terminando el cigarrito de después, nunca fumas currando pero la ocasión bien lo merece. Yo tampoco fumo currando y me estoy fumando otro. Si fuese otra, ahora sería el momento de cada mochuelo a su olivo, pero como no lo eres, tengo otros planes.
- Leo
- Dime
Los ojos te brillan como dos bombillas de cien watios, pero aún así, tu sonrisa brilla más. Intuyo sonrisa similar en mi cara, si es que no hay como un buen polvo para ponerte a sonreír como un bobo.
- ¿Kebap y cervecita fría? No sé tú, pero yo tengo un hambre de cojones.
Me miras y frunces los labios.
- Bocata de calamares y cervecita helada.
- ¿Calamares? Bueno, venga, la comida turca para los turcos.
Me apetecía muchísimo más el kebap, pero si tú quieres calamares, pues calamares serán. Con tal de estar un rato contigo y echarnos unas risas, me da igual la cena, además a saber de que están hechas las cosas esas que depilan con una espátula y te dicen que es o pollo o cordero... Coño, ahora que lo pienso, hoy juega el atléti, eso es, podemos ir a un bar y ver el partido. Joder, en realidad es un planazo: calamares, cervecita helada, fútbol y tú. Vaya que si. Y mira, si gana el atéti podemos echar otro para celebrarlo, y si pierde... creo que necesitaré consuelo.
03 El Arado (Interruptus)
Me cuesta hablar de mis cosas, me cuesta horrores, no es que sea tímido ni nada de eso, simplemente soy así. Creo que me asusta que la gente sepa que no soy tan duro como parezco, me acojona que la gente me conozca de verdad. Creo que soy desconfiado. Si, creo que si. No quiero que nadie sepa mis puntos flacos, no quiero dar munición para que me hagan daño. En realidad no soy tan independiente, ni tan despreocupado como aparento, tengo mucha mierda a mis espaldas. Creo que tú lo sabes, creo que me conoces de verdad. No, no lo creo. Lo sé. Tú ves mi mierda sin problemas. ¿Lo más raro? Que eso no me asusta, confío plenamente en ti. Yo que nunca me fío al cien por cien de nadie, confío en ti al mil por mil. Por eso te acabo de contar algo que prácticamente nadie sabe.
Tú no me la has pedido, pero te merecías una explicación por mi salida de tono del otro día. Te salté al cuello sin motivo, tú no podías saber que lo que me preguntabas era terreno muy sensible. No podías saberlo, no eres mentalista. Por eso te he pedido perdón, y te he dicho que quien me dio el chivatazo fue mi padre que está en la cárcel por haber matado a un confidente. Qué bonito lo que te he contado, ¿a que si? Soy el hijo de un poli corrupto y asesino. Que orgullo. No, no estoy orgulloso, me avergüenzo de mi padre. Por eso no lo cuento a nadie, ni siquiera a Mario. Por eso te lo he contado a ti, porque confío en ti más que en nadie, y porque sé que no me vas a juzgar, y que me entiendes.
Silencio. Estás procesando lo que acabo de decirte. Te miro a los ojos y no sé qué piensas. ¿qué estás haciendo? Me besas, me estás besando. Me has cogido la cara entre tus manos y me estás besando. ¿Y este beso? ¿Por qué me estás besando? Necesito saberlo.
- ¿Y esto a qué ha venido? ¿Por contarte que mi padre está en la cárcel?
Te encoges un poquito de hombros y entrelazas las manos en mi nuca.
- Como gracias por confiar en mi.
Ahora soy yo quien se lanza a besarte. No es un filetarro, no es un morreo de esos que se les da a cualquiera. Es un beso que te guardaba solo a ti desde hace ya unos cuantos meses.
- Si lo llego a saber te digo que maté a Kennedy
Sonríes y me besas.
- Y a Chanquete
Más besos, y este ya no es pequeñito, este beso se nos va de las manos poco a poco. Joder, casi se me había olvidado lo muchísimo que me gusta besarte, pero ya me acuerdo perfectamente. Tía, confiesa, los de CCC dan un curso sobre como besarme y tú lo has hecho, si no, no hay otra explicación. Si, un beso es un beso. Labio con labios, lenguas jugando y saliva para acá y para allá. Si, pero tus besos son distintos. Es cómo si me leyeses la mente, sabes qué quiero y cómo lo quiero, y a mi me pasa igual contigo. Siempre ha sido así, pero hoy no es solamente eso, Leo. Hoy tus besos son más distintos que nunca. Me estás haciendo sentir algo que no sé muy bien que es. En realidad siento muchas cosas, algunas las sé identificar, pero otras no. Reconozco la sensación de tu cuerpo apretado contra el mío. Reconozco el calentón que eso me está dado, la sensación de mi entrepierna despertándose es inconfundible. Pero lo que siento en el estómago, ya no lo reconozco. No sé qué es. No es un calentón. Lo que si reconozco es el significado de nuestras respiraciones cada más profundas. Esto va a acabar de una única forma. También reconozco el sonido de la persiana crujiendo. Te tengo contra la cristalera y te estás clavando la persiana en la espalda. No quiero que te la claves, no quiero que te hagas daño.
Un bonito giro, y ahora la persiana me la clavo yo, mejor así. Te sigo besando. Haces un ruidito en mi boca, y el beso se nos va del todo de las manos. Mi bragueta está despierta del todo. Te cojo por la nuca y te sujeto contra mi boca, si dejas de besarme me voy a ahogar, tengo que desquitarme de estos ocho meses sin tus besos. Yo ya sé cómo va a acabar esto, los dos lo sabemos. Como ha acabado tantas veces cuando este aún era el despacho del Vázquez. Voy a tirar al puto suelo todas las mierdas de mi mesa, te voy a poner a ti, y te voy a hacer todas esas cosas que a veces imagino que te hago. A veces pienso en ti de esa manera, si lo supieses no sé si te lo tomarías como un halago, o si pensarías que soy un salido. Puede que sea un salido, pero no lo puedo evitar, a veces me pongo en pensar en cómo me tocabas, o cómo te movías, en cómo olías y cómo sabías.... y es inevitable. Pero quiero que sepas que no siempre pienso en ti de esa manera, no, ni mucho menos. Cada vez pienso en ti más veces de otras maneras. De hecho, ahora cuando te miro sin que tú te des cuenta, ya no es a tu escote o al culo dónde te miro. Ahora me fijo más en tu cara, no solo porque cada día me parezcas un poco más preciosa que ayer, es que me gusta estudiar tus expresiones. Creo que me las sé todas de memoria. Cuando era niño coleccionaba cromos, ahora colecciono tus caritas, tengo ya muchas, pero quiero más.
Estoy pensando una cosa ¿Sabes qué? Que cuando te desnude y hagamos todo lo que vamos a hacer, no sé cómo habrá que llamarlo. No se si va a ser un polvo, follar, o qué coño. No lo sé, Leo, de verdad que no. Estos besos de ahora no son como los de antes, tú no has cambiado tu manera de besar, ni yo la mía, pero algo ha cambiado contigo y conmigo. Yo no sé si soy igual que hace un año, no lo sé, no estoy seguro, de lo que si estoy seguro, es que ya no te veo como te veía hace un año. Ya no eres una amiga con la que voy a echar un polvo. Ya no sé que eres, pero no eres lo que eras antes. Es algo complicado. Tú me haces sentir cosas muy raras. Rarísimas. No estoy seguro ni de lo que son, pero me gustan. Me gustan mucho, y tú... tú me gustas aún más. De eso me he dado cuenta desde que no nos acostamos juntos. Leo, me gustas muchísimo. Muchísimo. Por eso no sé cómo llamar a lo que vamos a hacer, porque nunca he estado con nadie que me gustase como me gustas tú. Nunca. No es que nunca haya estado con tías que me gustasen de verdad, que si he estado, ¿eh? Joder, si hasta hace la hostia de años tuve una novieta. Carmen, la del tatuaje. Aunque ya nunca piense en ella, me encoñé de ella de mala manera. Imagínate, para hacerme un tatuaje con su nombre... Pero la manera en que me gustaba ella, y la que me gustas tú, no se parecen una mierda, Leo. Con ella primero me encoñé, luego la conocí y así me desencoñé, contigo primero te conocí, después me he encoñado, y ahora.... no creo que encoñamiento sea la palabra más adecuada. Esto... yo ya no sé qué es esto, de verdad que no.
- Corso....- Joder, que oportuna Roci.
Tú te apartas tan bruscamente de mi que no sé qué me ha pasado por encima.
- Perdón.... queee..... pues nada- Rocío se ha puesto como un tomate.
No estoy seguro de si está incómoda o si la cosa simplemente le hace gracia, tiene cara de alguien a quien le acaban de dar la razón. ¿La razón en qué, Roci, en qué? Anda que si llega a entrar cinco minutos más tarde... esto si hubiese sido incómodo. Me miras y te miro. La cara de Rocío tiene gracia pero la tuya.... joder, con la tuya, Leo, te comería a besos esa sonrisa de niña a la que mamá acaba de pillar robando galletas.
- Si no me necesitáis para un trío ni nada de eso... me voy, que vaya nochecita hemos tenido...
No, Rocío, no te necesitamos, créeme. Los tríos están sobrevalorados, te lo digo yo. Miras al suelo, y luego me miras a mí con un poco de timidez. Nunca había visto eso en ti. Tengo un cromo nuevo en la colección. Fíjate lo que te digo, Leo, que si ahora mismo me dan a elegir entre toda una noche de orgía con todas las conejitas de la mansión de Play Boy, o un simple besuqueo contigo como el que acabamos de tener, no dudaría ni un segundo en la elección. Pero hoy no voy a elegir, hoy contigo lo quiero todo, así que es hora de continuar con lo que estábamos haciendo en otra parte.
Al final todo se ha torcido de mala manera, nada ha salido como yo creí que iba a salir. Nada. Incluso desde antes de que pasase lo del autobús, a ti se te habían quitado las ganas de enrollarte conmigo. Tampoco es de extrañar. De todas las cosas que podía decir Rocío ha tenido que decir lo del trío. No la echo la culpa, ¿eh? Ella no tenía ni puta idea de que ese terreno es delicado. La culpa es mía por ser un figura. Si te tengo que decir la verdad me ha jodido que te enfadases conmigo por ese motivo, por eso no te he insistido ni te he dicho nada más. Me ha jodido que pienses que lo del trío iba en serio, ¿de verdad te piensas que yo me montaría un trío contigo? Me ha jodido y me jode. Vale, me hice un trío con dos tías de las que no recuerdo ni su nombre, pero solo fue un polvo, una fantasía cumplida y nada más. Las fantasías deberían quedarse así, en fantasías, cuando las cumples rara vez son como uno se imagina. ¿Tú tienes fantasías, Leo? ¿Tienes fantasías conmigo? No lo sé, me gustaría pensar que si. Yo si las tengo contigo, y esas sé que si se cumplieran serían como en mi cabeza. No sé si tienes fantasías conmigo, lo que sé es que tú si te acuerdas del nombre de esas dos tías.
Tuvo que escocerte mucho. Si hubiese sido al revés... si, creo que, incluso con mi cabeza de grillo para los nombres, yo también me acordaría del nombre de esos dos tíos imaginarios si hubiese sido al revés. Te sabes su nombre, pero no sabes que tú para mi hace mucho que has dejado de ser una amiga a la que echar un polvo, no sabes que ya no te veo como te veía antes. Eso no lo sabes, y vamos a dejarlo así. Me gustas demasiado como pare decírtelo. No quiero empezar algo que no sé si soy capaz de acabar, porque significas mucho para mí, pero no me fío del todo de mi mismo. Es mejor dejar las cosa así. No te quiero hacer daño, tú para mi no eres solo un polvo, tampoco eres solo una amiga. No sé qué eres, pero me importas demasiado, y no voy a hacerte daño.
- Quítate la camiseta
- ¿Qué pasa? ¿Has cambiado de idea?- sé de sobra que no
- Quiero ver qué tienes en la espalda
Me empiezo a quitar la camiseta y tú tienes que ayudarme porque me muevo como una abuela artrítica. Duele de cojones, aprieto los dientes y me esfuerzo en no lloriquear, no quiero que pienses que soy una nenaza. Te oigo resoplar a mi espalda.
- Joder, Corso, te va a salir un moratón tremendo, ya te está saliendo.
- No me duele
- No tienes que hacerte el machito conmigo, Corso.
- De verdad que no me duele.
Si no hubiese resoplado cuando me has tocado para ponerme la crema que me has obligado a comprar en la farmacia, a lo mejor hasta te lo hubieses creído.
- Ya
Me das la crema, y yo cierro los ojos para sentir mejor tus dedos. Aunque duele me encanta como me estás tocando.
- Leo, te debo una. Una muy, muy gorda.
- Solo te estoy dando crema, no te he donado un riñón- no te veo la cara, pero me la imagino
- Ya, y tampoco me has sacado de debajo de las ruedas de un autobús lleno de terroristas islámicos.
Si tú no te hubieses tirado a por mi.... el moratón de la espalda sería el menor de mis problemas.
- Bah, ¿eso? Para eso estamos, ¿no?
Te doy un beso en la cara y me quedo con ganas de darte otro, no lo hago porque ese ya no sería en la cara.
04 La fusión
¿Sabes una cosa? Sabía que ibas a venir. Te estaba esperando. Llevaba muchísimo tiempo esperándote, ya no sé si han sido horas, o días, o semanas, o meses, o años. Hasta puede que, sin saberlo siempre, te haya estado esperando. Ya te digo que no lo sé. Solo sabia que ibas a venir, y así ha sido. Lo sentía en el estómago. Lo que no sabía era qué me ibas a decir, me he quedado paralizado al verte.
Quieres estar conmigo.
Por un momento no he estado seguro de haberte entendido, lo has dicho tan bajito que he creído que mis propias ganas me habían jugado una mala pasada, pero no. Me lo has dicho. Estaba esperando a que me dejases sostenerte, esperaba un "necesito hablar", o un "no quiero estar sola", pero me has dicho que quieres estar conmigo, y has superado todas mis expectativas, Leo. Todas. Leo, yo quiero estar contigo. Desde hace mucho quiero estar contigo. Al verte, antes de que me dijeses nada, me he acojonado. Joder, es que parecías tan asustada, tan frágil, y tan vulnerable...Parecía que el abrigo se te había tragado, te sujetabas a tu bolso como si te diese miedo caerte. En cuanto me lo has dicho, ya no has necesitado sujetarte al bolso, ahora te sujeto yo, y te sujetaré hasta que haga falta. Hasta que tú me dejes.
Te he abrazado como nunca había abrazado, te he llenado la cara de besos, y te he dicho que todo se iba a arreglar. No te he mentido, todo se va a arreglar. Te lo prometo. ¿Sabes qué? Cuando has entrado, el sexo no es que fuese lo último que tenía en la cabeza, es que ni siquiera estaba. Pero he empezado a besarte por toda la cara, y de repente tu cara, ya no era tu cara, eran tus labios. Tú me besabas a mi, y los besitos del principio ya eran otra cosa, ya no eran chiquitos, se habían convertido en esto enorme que seguimos haciendo ahora. Cuando me he querido dar cuenta ya no llevabas puesto el abrigo, y tampoco estábamos en la entrada, estábamos dónde estamos ahora, en mi cama.
No sé cuanto tiempo llevamos así, tumbados frente a frente, besándonos, mirándonos y acariciándonos, pero creo que mucho. Hace ya bastante que no llevas puestas las botas, que tus pies descalzos acarician suavemente los míos, que nuestras camisetas han ido a parar al suelo, que mis manos recorren tu espalda, y que las tuyas dibujan formas extrañas en la mía. Entre tu piel y la mía solo quedan nuestros vaqueros, y tu sujetador.
No te voy a engañar, estoy muy cachondo, Leo, muchísimo. No sabes cuánto, no sé ni cómo me queda sangre para seguir pensando esto que estoy pensando. La entrepierna me late, y la bragueta me aprieta y me molesta. Pero aunque estoy cachondo como en la vida, tengo menos prisa que nunca, y si me quedo como estoy, no me va a importar una mierda. Que lo hagamos o no, va a depender de ti, hoy todo depende de ti. Yo solo soy una comparsa. Yo solo quiero que tú te sientas bien, que entiendas sin género de duda lo que te quiero decir con mis besos, y mis caricias. Solo quiero darte cariño, nada más, Leo. Solo quiero que te sientas segura, protegida y que sepas lo que siento por ti. Porque ya sé lo que siento por ti, es muy sencillo: te quiero. ¿Cómo no te iba a querer? No me has dejado otra opción que enamorarme de ti como un perro. Esto no te lo he dicho, y de momento no lo voy a hacer, aquí dónde me vas tan machote, y tan seguro de mí mismo, me da un miedo atroz decírtelo. No sé porqué, pero así es, para estas cosas soy un cobarde. Así que hoy quiero dejar que mi cuerpo hable por mi. Te abrazo, te acaricio, te beso. A veces dejo de besarte para solo para mirarte, y es que eres la cosa más bonita que he visto nunca, te lo digo de verdad. Que coño, te lo voy a decir de verdad.
- Eres una preciosidad, ¿lo sabías?
Me miras y me sonríes casi con timidez, te devuelvo la sonrisa. Así, con esa sonrisa, estás incluso más guapa. Te cojo la cabeza con las dos manos, y te miro sin poder creerme que seas real. ¿Sabes? Contigo me pasa una cosa mazo de rara, verás, a veces te miro y te deseo de una manera tan brutal que tengo que agarrarme a las puertas para no lanzarme a por ti, y en cambio otras, te miro y solo tengo ganas de cuidarte, abrazarte y darte mucho cariño. Yo no sabía que esas dos cosas podían pasar a la vez, pero si pueden porque es lo que me pasa ahora mismo. No sé, es algo muy raro. Se me han juntado dos instintos que no tienen nada que ver. Tócate los huevos, las cosas que se pueden descubrir a estas alturas de la película.
Los besos han alcanzado un voltaje bestial, no sé cómo pero de repente ya no llevas sujetador, en realidad no llevas nada, yo no me he atrevido a quitarme nada más, sigo con los vaqueros comprimiéndome el paquete. Te miro y no me creo la suerte que tengo, confías en mi lo suficiente como para que te desnude, como para estar desnuda tumbada en mi cama besándome y acariciándome, dejándome que te acaricie. No te da miedo exponerte conmigo. Joder, Leo, joder. Ojala yo tuviese tus huevos.
Tu boca, y tu pecho se han convertido en un triángulo de las Bermudas del que mi boca no puede salir. Te beso y te vuelvo a besar. De un pechito a otro, y parada en tus labios. A veces te ríes suavecito cuando mi mano o mi boca te hace cosquillas, y yo me río también. De vez en cuando consulto tus ojos, si no estás bien, aunque tú no me lo digas, ellos se van a chivar. No sé si lo sabes, pero tienes unos ojos tela de chivatos, a mi me lo dicen todo. Consigo salir de ese triángulo en el que me había perdido, y te cubro de besos todo el cuerpo. Barbilla, cuello, hombros, clavículas, pecho, estómago, rodillas, muslos, muñecas, manos, párpados, nariz. Todo. No dejo un centímetro de tu cuerpo sin besar. No se me olvida nada, pero por si acaso, lo hago otra vez. Sé que es una gilipolléz, pero me gusta pensar de que si te beso por todos los sitios que ese cerdo pudo haber tocado, podré borrarle para siempre de tu cabeza. Ya lo sé, tengo treinta años, pero a veces parece que tengo cinco. Sé que esa huella nunca se va a ir del todo, pero por lo menos quiero ayudarte a hacerla más borrosa. Me aferro a esa idea, te acaricia con todo mi cuerpo, te beso, te toco, te siento. Joder, Leo, tocarte me gusta aún más de lo que recordaba y créeme que eso es difícil.
Mi cabeza está entre tus piernas, te he pedido permiso con los ojos antes de atreverme, y tú me lo has dado. El brillo que veo en tus ojos, y la sonrisa en tus labios es el mejor regalo que podría hacerme nadie. Cómo he echado de menos tu sabor, y tu manera de respirar cuando te hago esto, y los colores que te salen en la cara, y tus ruiditos, y tu manera de acariciarme el pelo. Cómo te he echado de menos, Leo. Es como estar en casa después de mucho tiempo. Fuera hace aire, lo oigo golpear las persianas. Oigo eso, a ti y a mi, porque a mi también se me escapan ruidos raros. Empiezas a mover las caderas nerviosamente, arqueas la espalda, y lo consigo. Un pequeño seísmo, solo para nosotros dos, se desata bajo mi boca. Me afano aún más, solo es un orgasmo, ya lo sé, pero te mereces que te empiecen a pasar cosas agradables que borren un poquito a todas las otras que te han pasado. Aunque esas cosas agradable solo duren unos segundos. No te puedo dar más, lo siento, pero quiero creer que poquito a poco, si tú me dejas, vamos a dejar todo eso atrás. Subo con besos hasta tu cara, me sonríes, y yo te sonrío a ti. Te beso. Te acaricio la carita.
- ¿Estás bien?- te lo pregunto en un susurro
- Mucho, muy bien- me respondes de la misma manera.
Coloco mi cabeza en tu hombro y te abrazo. No tengo intención de más. Mi polla ya se dará cuenta de que no hay nada que hacer, y se dará por vencida. Esos son mis planes, pero tú tienes otros, has colado la mano dentro de mis vaqueros y me estás tocando. Me haces gruñir. Madre mía, ¿qué haces? Si sigues así, me va a costar mucho mantener la cabeza fría.
- Leo, Leo, Leo.... para, para, para
Me miras confusa, paras, pero no me sueltas
- No tienes que hacerlo, no tienes que hacer nada.
- Quiero hacerlo.
- L...
- Lo necesito, Pablo, por favor.
Y sé de que me hablas, no me estás hablando de que necesites hacerme una paja o echar un polvo porque estás cachonda a más no poder. No van por ahí los tiros. Necesitas saber que puedes hacerlo. Necesitas saber que ese hijo de la gran puta no te ha destrozado del todo. Eso es lo que necesitas. Tienes miedo de que te haya quitado esto también. Así que me dejo hacer, no es que me resulte difícil, no me voy a hacer la martir. Me quitas los vaqueros, y me quedo bocas al ver lo que sale de mis calzoncillos ¿Todo eso es mío? Si parezco un caballo percherón... Tú me miras alternativamente a mi y a mi entrepierna, sonríes y me acaricias la cara antes de seguir con lo que estabas haciendo.
- ¿Bien?- te acaricio la cara
- Mejor que bien.
Te dejo hacer sin dejar de mirarte a la cara. Siento cosas raras, no es lo de siempre, es eso y más. Creo que tú también las sientes. Me tumbas boca arriba, y coges el preservativo que te doy. Lo abres y me lo pones, te cuesta un poco, no se desenrolla bien, nunca te había pasado. ¿Estás tan nerviosa como yo? Porque yo lo estoy y mucho. Te cojo la cara entre las manos, cabe a la perfección.
- ¿Seguro que bien?
- Segurísimo- en tus ojos hay decisión
¿Cuántos de estos me habrás puesto? No lo sé, decenas, pero este es distinto. Esto no es un polvo, Leo. Yo lo sé y tu lo sabes. Esto es eso otro. Lo que suena ridículo pero no lo es en absoluto. Lo que es un mundo a parte de todo lo que he probado en toda mi puñetera vida. Te colocas encima de mi y me miras. Te beso. Te acaricio. Me dejas entrar en ti. Oigo mi gemido y el tuyo. Te miro. Me miras. No te mueves. No me muevo. Hoy soy un bailarín vago, si te mueves me muevo contigo, si no, me quedo quieto. Tu tienes el control. Me sonríes, la más preciosa sonrisa que este mundo de mierda haya visto en su historia. ¿yo he ayudado a poner esa sonrisa en tu cara? Ya me puedo morir a gusto. Te mueves. Me muevo. Nos movemos. Has ganado. Hemos ganado. Te quiero.
05 Las cucharas
¿Sabes una cosa? Me encanta hacer el amor contigo por la tarde, bueno, ya sabes que me encanta hacerlo a cualquier hora, pero este rollo por las tardes me mola mucho. Esa siesta que nunca es solo una siesta, cuando todavía hay sol, no tenemos prisa, y podemos tomarnos todo el tiempo del mundo. Me encanta recrearme con tu cuerpo, eso ya lo sabes de sobra. En casa hacemos esto los fines de semana que el curro nos deja, que no son pocos, pero si menos de los que a mi me gustaría, pero ahora llevamos ya como siete de estas siestas seguidas. Benditas vacaciones, anda que no nos hacían falta, ¿verdad? Llevamos una racha de trabajo horrorosa, desde semana santa no hemos tenido más de dos días libres seguidos, y ya es mediados de agosto. Cada vez estoy más saturado del trabajo, me sigue encantando, pero cada vez me afecta más, y creo que a ti también. No sé cuanto más nos queda de trabajar rodeados de muerte y miseria. Estas vacaciones son el oxígeno que necesitábamos para seguir adelante.
Justo cuando ya pensaba que nunca iba a conocer México, siete años después de haber pensado en venir, aquí estoy. Aquí estamos. Vivir en México, y sin ti.... a veces tengo ideas de bombero, pero además de verdad. Me imagino con bigotazo de mariachi cantando a los clientes de este mismo hotel, y me descojono yo solo. Estás son las mañanitas que cantaba el rey ¿David? ¿Daniel? No estoy seguro. Lo de los nombres no mejora con la edad, lo tengo comprobado. Me sé el tuyo, el mío, y pocos más. Justo los necesarios.
Están siendo unas vacaciones de puta madre, una semanita recorriendo México, y otras dos tocándonos los huevos en la playa. Aunque esta es mi parte preferida del viaje, también me ha molado la parte turística. El rollo del desierto de Sonora, y todo eso. Fíjate que no sabía yo que Baja California estuviese en México, eso si, no pienso decirlo en alto para no quedar mal.
El turismo está bien, pero esto está mejor. Ahora mismo estoy en la puta gloria, no hemos movido un músculo desde que hemos acabado de hacerlo. Ni siquiera he salido del todo de ti. El ventilador este del techo, me deja pegarme completamente a tu espalda sin sudar como un pollo tomatero, se agradece. Me relaja mucho tocarte el pelo, de tanto hacerlo, al final me voy a hacer un nudo en el dedo, y me vas a echar la bronca. Cuando te despiertes, claro, porque te has quedado dormida. Lo noto por tu respiración bajo mi brazo. Yo no me he sobao, estoy muy a gusto, cierro y abro los ojos, voy y vengo, pero no he llegado a dormirme del todo.
Si te digo la verdad, me bebería un vaso de agua y me fumaría un cigarro muy a gusto, pero me da muchísima pereza moverme y, todavía más, salir de ti. Fuera oigo el ruido de las palmeras moviéndose y a lo lejos oigo las olas. Levanto un poco la cabeza y por encima de tu pelo veo la copa de una palmera a través del balcón. Tiene un par de cocos. Lo mismo luego me da por intentar trepar para cogerlos. No sé si seré capaz de hacerlo, pero no me pienso quedar con la curiosidad. Tengo treinta y siete años, pero a veces....
Se me ocurre que podemos quedarnos un poco más en la cama, y cuando tú te despiertes, bajar un rato a la piscina hasta que se vaya el sol, nos tomamos una cervecita o algo, y luego, pues podemos cenar en el restaurante que te apetezca, hoy te toca elegir a ti. Luego podemos tomarnos unas copitas, y después irnos tú y yo solitos a esa cala detrás del bungalow. Nos podemos llevar una botellita de algo, y darnos un chapuzón nocturno. Lo que no sé es si aquí van a tener bourbon, la piña colada está muy buena, y será muy típica, pero estoy un poco hasta las pelotas. Anda mira, una botellita de tequila, que eso también es muy mexicano, ¿no? No sé si es la humedad que hace sudar o qué, pero aquí por mucho que bebas es imposible ponerte pedo, mejor ¿eh? Mucho mejor. Pues eso, que me desvío, que si te parece bien, chapuzón y tequila a la luz de la luna.
Me encanta esto de no hacer nada en todo el día. Ya hacemos bastante el resto del año. Nos lo merecemos. Playa, piscina, barquito, motos de agua, submarinismo, comer, beber, y entremedias de todo eso: tú a todas horas. Si te digo la verdad, eso es lo que más me gustan de estas vacaciones. Poder estar contigo sin prisa, hablar, reírnos, hacer cosas juntos, y todo eso sin llamadas a media noche porque han matado a alguien.... ¿Cómo se las apañarán en la unidad sin nosotros? Supongo que no deben estar muy liados, es agosto y la gente se mata la una a la otra fuera de casa. Aunque con el calor que parece que hace, seguro que trabajo no les falta. A la gente se le va la pinza con los calores, y papá me ha dicho esta mañana que en Madrid están a cuarenta y cinco grados. Madre mía, cuarenta y cinco grados del calor secuzo de Madrid, seguro que si pones unos canelones en la ventana se te gratinan. Hombre, en casa, con la piscina y eso, pues no se debe estar tan mal, si cuando lleguemos sigue haciendo ese calor, podemos pasarnos el día a remojo como los garbanzos. Menos mal que te emperraste en nuestro piso, con su piscinita y sus arbolitos, y no nos compramos ese en plena calle Fuencarral que se me antojó a mi. Eso ahora mismo debe ser infernal, además con la calle llena de gente todos los días a todas horas, , y todo el ruido.... a veces tengo cada idea....
Llevas un ratito haciendo esos ruiditos tuyos de vuelta a la vida, te estas despertando. Te acaricio el costado, y tú te revuelves un poco y haces un rudito de protesta. Tienes cosquillas. Al moverte, salgo de ti, y de repente tengo frío ahí abajo. Me noto raro, siempre me pasa al separarnos. Te acaricio otro poco, y más cosquillas.
- Pabloo- te sale voz de cría
- ¿Quee?- como si no lo supiera.
Te beso en la cara. Ha sonado a beso de abuela. Te ríes suavecito mientras te tumbas boca arriba.
- ¿Qué hora es?- tienes voz de sueño
- Las seis y veinte.
Te frotas los ojos.
- Me he quedado traspuesta
- Si, traspuesta....si estabas roncando y todo.
- Venga, ya, tío, yo no ronco- arrastras las sílabas con voz de sueño
El que parece el camión de la basura soy yo, pero me encanta picarte, y que tú me piques a mi. Bueno, alguna vez si salimos de juerga y fumas más de la cuenta.... algún ronquidillo se te escapa, pero no te lo digo porque valoro mucho mi masculinidad.
- Eso que lo dices tú, ¿alguna vez te has quedado despierta para comprobarlo?
- Pero que idiota eres... además el que ronca eres tú- te ríes con carita adormilada.
- ¿Yo? Ni de coña.
- ¿Alguna vez te has quedado despierto para comprobarlo?
Te muerdo el hombro por usar mis palabras contra mi. Te ríes y me das una colleja.
- Leo, si tampoco pasa nada por roncar. Estás muy mona con tus ronquiditos y el hilillo de baba que se te cae.
- Vete a la mierda- me lo dices riéndote.
- ¿Te gusta más si te digo que respiras fuerte?
- Pues tampoco me hace mucha gracia que se diga
- Mi princesita ronca como un camionero- te beso en la garganta.
- Tú y yo, hoy acabamos mal- si no te estuvieses descojonando, puede que me lo llegase a creer- Pero aún estás a tiempo de arreglarlo.....
- ¿Naranja, mango, piña...?
Sonríes. Cómo te conozco, y cómo me conoces.
- Melocotón.
En cinco días se ha convertido en un rito, después de hacer el amor a estas horas, te quedas dormida, y cuando te despiertas me pides un zumo. Creo que la primera vez lo hiciste para ponerme a prueba, para ver si te lo traía o no. Antes de que acabases la frase ya tenías tu vaso en la mano. A por mi cigarro me da pereza levantarme, pero si tú tienes sed, recorrería dos kilómetros a través de la jungla con un cántaro en la cabeza para traerte agua. No es que sea un perrito amaestrado, es que me gusta mimarte, y para un capricho que tienes.... pues soy incapaz de decirte que no. En casa nunca me lo has pedido, que coño, en casa no bebes zumos envasados, deber ser el clima este. La verdad es que la garganta se queda seca como una lija en la puñetera Riviera Maya esta, más después de lo que hemos hecho hace un rato. Si, jadear da mucha sed. Coño, pues los perros que se pasan el día jadeando... Pobres bichos. Joder, ya me vale las gilipolleces que se me ocurren a estas horas.
Tenemos la nevera esta llena de zumos, yo creo que si cojo uno, reponen dos. Que eficiencia, tú y yo no somos así en casa, somos bastante más dejados. Te lo sirvo en un vaso grande que saco del congelador. Ahora que miro la botellita, no se llama zumo, según esto se llama ¿smuzi? Como lo quieran llamar para cobrarte de más, un zumo es un zumo. Ya de paso cojo dos cigarros y un cenicero. Mola un puñao esta sitio, con su cocinita y todo. Cuando seamos más mayores, deberíamos comprar algo así. Nos pasaríamos el día sin hacer el huevo, tirados en la playa, tu poniéndote morena, y yo quemándome. Eso si es un plan de jubilación y no lo que tenemos en el banco. Pero eso si, en España, que esto está muy lejos.
Te encuentro tumbada boca arriba. Te sientas en la cama y coges el vaso con sonrisa traviesa. ¿Cómo se puede ser tan bonita? Explícamelo, que yo no lo sé. Como siempre te bebes medio vaso a sorbos chiquititos, y me das la otra mitad. Esa es otra nueva tradición. Me lo bebo de un trago y lo dejo en la mesita junto al cenicero y los cigarros. Ahora mismo ya no me apetece fumar, pero sé que luego si. Me tumbo de lado junto a ti, tú te quedas boca arriba, y me pasas un brazo tras el cuello. Empiezas a acariciarme la nuca. Me encanta que me hagas eso, me dan unos escalofríos tremendos. Yo recorro con el dedo el contorno bajo tu pecho, bajo por el estómago hasta tu ombligo, y deshago el camino de la misma manera. Cuando te miro veo que me estas mirando, nos quedamos así como dos idiotas. Ahora recorro ese caminito con besos, hasta que acabo con uno en tu barbilla.
Recuesto la cabeza en tu pecho, justo en el centro, me encanta oír tu corazón. Me relaja, me hace sentir muy bien. Tú me acaricias el pelo. Suspiro. Me estoy relajando en exceso, me voy a quedar frito como sigas así, y al final no vamos a ir a la piscina, ni nada de nada. Si me pongo a pensar ahora en esos momentos horrorosos hace siete años, se me ponen los cojones de corbata. Toda esa mierda que tuvimos que pasar me suele venir a la cabeza en momentos así, cuando estoy abrazado a ti y me siento en la puta gloria. Joder, Leo, qué cerca estuvo todo de acabar de irse todo a la puta mierda. Demasiado cerca. Puedo decir sin miedo a equivocarme que esa fue la peor época de mi vida, se me juntó todo. Qué miedo pasé, qué solo me sentí, y qué todo. Claro que para ti no es que fuese mejor, me da miedo pensar en lo que tuviste que pasar. Pero ya está, ya está. Es mejor no pensar demasiado en eso, lo hemos dejado atrás, y ya no puede hacernos más daño. Sólo importa que lo superamos, que estamos juntos desde hace muchos años, que eres mi niña, que te quiero con locura, y que ya no me da miedo decírtelo. Solo importa eso. Levanto la cabeza para mirarte. Estás pensativa. Estás pensando en lo mismo que yo, tú también te acuerdas de todo eso en estos momentos. Es inevitable, tú también piensas en lo cerca que estuvimos de nunca haber tenido nada de lo que tenemos ahora. Recorro tus labios con el pulgar.
- ¿Sabes que aunque ronques como una hormigonera te quiero muchísimo?
Sonríes y me acaricias el flequillo. Me encanta tu boca, tienes unos labios que piden a gritos que les bese, y yo soy muy obediente.
- Si bueno, yo también te tengo cierto aprecio.
- "Cierto aprecio"... joder, Leo, que cosas más feas me dices....
- Por decirme que ronco no te mereces que te diga nada mejor.
- Jopeta, Leoooo, no seas malaaaa
Juego sucio, te mordisqueo, besuqueo y toqueteo los costados y empiezas a descojonarte. Te resistes, intentas zafarte de mi, pero no me dejo. Pego la boca a tu tripa y te hago pedorretas como se le hace a los críos pequeños. Te descojonas, pataleas, y das manotazos.
- Pablo, coño! Suéltame- estás como un tomate de tanto reírte, si hasta se te caen lagrimones de la risa.
No sé como, pero me haces una llave o algo así, y consigues cambiar las tornas. Ahora eres tú la que está sentada encima de mi, y me estás haciendo unas cosquillas horrorosas. Yo también me descojono, intento sujetarte las manos, pero eres muy rápida, y sabes lo que te haces.
- Leo, joder, Leo, estate quieta- lo digo entre carcajadas- Por favor.
Te quedas quieta con esa cara de niña traviesa que pones que hace que me den sudores. Incorporo el tronco y me quedo sentado contigo encima. Nos miramos fijamente conteniendo la risa. Te planto un beso en los labios, y te abrazo. Pones la cabeza en mi hombro, y yo en el tuyo.
- Te quiero mucho- lo susurro en tu orejita
- Y yo a ti- lo susurras en mi oído.
Nos quedamos abrazados en silencio. Me gusta tener te así. Me gusta acariciarte la espalda y sentir pequeños escalofríos contra mi. Suspiras.
- Deberíamos quitar las maletas de en medio, Pablo. Si no, van a empezar a saludarnos, y todavía nos quedan diez días aquí.
- Que saluden.
Te empiezo a besar por el cuello.
- Somos unos dejaos, tío.
- Leo, ahí está nuestro encanto.
Recorro tu columna con mis dedos, y tú haces lo mismo con la mía. Se me pone la piel de gallina.
- Se me ha ocurrido un plan para la noche.
Me dices que continúe con un ruidito muy gracioso.
- Pues he pensado que ahora podemos bajar a darnos un chapuzón la piscina, echamos unos cuantos largos, te dejo en ridículo ganándote sin despeinarme...
- Tus ganas- te noto sonreír contra mi hombro.
- ... venimos aquí, nos duchamos, nos ponemos todavía más guapos de lo que somos, cenamos tranquilamente donde tú quieras....
- Azteca, no se qué es, pero me intriga
- ... nos tomamos unas copitas de buen rollo, nos echamos un par de bailes...
- ¿Nos? Querrás decir "me", porque para que tú bailes....
- Oye, me estás interrumpiendo mucho tú, ¿eh?
- Venga acaba de contarme tu plan maestro, que de momento me tienes convencida.
- ¿Me vas a seguir interrumpiendo?
- Que no, venga, pesao, acaba.
- Pues eso, tú bailas, yo te miro, y luego nos vamos tú, yo y una botella de tequila a una calita solitaria a darnos un bañito nocturno, ¿qué me dices?
- Bañito nocturno... ¿Nos tenemos que llevar bañador debajo de la ropa?
- Si,claro, y gorro de piscina, y unos manguitos, y unas cosas esas para que no entre agua por la nariz.
Mi miras con los ojos llenos de luz y motitas verdes. Todavía no tengo claro del todo de qué color son.
- Entonces si. Me apunto.
- Pues venga, mueve el culo, ponte el bikini, ahora si, que nos vamos a la pisci.
Te digo esto, pero te abrazo aún más fuerte. Con las caricias que me estás haciendo en la espalda y la nuca me estoy relajando en exceso. Me estoy adormilando. Te noto suspirar, tú también te estas amodorrando otra vez, pero me das un beso en la mandíbula y te levantas de un salto.
- Venga que nos vamos a apalancar, ponte el bañador.
- Me da una pereza...
Pones cara de traviesa.
- Pues nada, baja así, y le alegras la vista a la concurrencia femenina.... tú mismo.
Me levanto de la cama de un salto y me lanzo a por ti. No te lo ves venir y te pillo con la guardia tan baja que casi te tiro al suelo. Reculamos hasta que casi te has en la espalda con la barra de la cocina. Te abrazo por la cintura, y te pego mucho a mi. No sé qué es lo que me das, Leo, pero es que no me canso. De ti lo quiero todo, y a todas horas. No estoy hablando de sexo, ya lo sabes, hace mucho que esta historia no va de sexo.

